Robert Silverberg – Un escritor imprescindible en la ciencia ficción

ROBERT SILVERBERG es uno de los autores más prolíficos y galardonados de la ciencia ficción. Tiene en su haber un montón de nominaciones a los premios Hugo, Nébula y Locus, resultando ganador en varias ocasiones. De acuerdo con el recuento de Rescepto Indablog:

[Silverberg] es de largo el autor con más nominaciones a los Locus, un total de 154, de las cuales 102 corresponden a obras de ficción; a lo cual deben sumarse las 22 nominaciones a los Nebula, también récord, y las 28 nominaciones a los Hugo, el segundo autor con más; el balance de victorias es de 9, 5 y 4 respectivamente.

Silverberg empezó a ver sus escritos publicados en las revistas en los años 50. Sus primeras historias seguían las pautas dominantes del género en su vertiente pulp. A partir los 60, de mano de la Nueva Ola, se convirtió en uno de los autores centrales de este movimiento en particular, y de la ciencia ficción en general. Silverberg experimentó con el lenguaje, dotándolo de elegancia estilística, y abordó aspectos más cultos e introspectivos, poniendo el foco en la motivación de sus personajes. Su buen hacer escritoril se ganó la aprobación de la crítica.

Robert Silverberg
Robert Silverberg recibiendo la inspiración de las musas FUENTE

Entre finales de los 60 y principios de los 70, Silverberg escribió sus novelas y relatos más reconocidos, en especial durante su llamado Quinquenio dorado (del 67 al 72). Fue un periodo de madurez y prestigio. Sin embargo, a mediados de los 70, se retiró de la escritura por puro agotamiento mental y físico. Fue la consecuencia de ser un autor inmensamente fecundo: ¡llegó a escribir un millón de palabras al año!

En 1980 regresó al oficio con el primer volumen de una saga de corte fantacientífico llamada Majipur. Y durante las cuatro décadas siguientes, hasta hoy, siguió publicando libros a destajo. Sin embargo, hay bastante consenso en señalar que no a volvió a alcanzar las cotas de excelencia de su particular Edad Dorada.

Robert Silverberg
Robert Silverberg en 2009, con 74 años FUENTE

En sus mejores momentos, la prosa de Silverberg se caracteriza por ser fina, cautivadora, reflexiva y concisa. De hecho, muchos de sus trabajos más aplaudidos y recordados son novelas de menos de 200 páginas. Además, era un autor poco propenso a repetirse: cada obra suya era diferente a la anterior y con personalidad propia, distinta y original. Sus obsesiones más comunes han sido el viaje iniciático, el viaje en el tiempo, la ucronía o los poderes mentales. Todo muy unido a aspectos psicológicos como la soledad, la autocompasión, el aislamiento, el rechazo o la espiritualidad.

Veamos más al detalle cómo ha transcurrido su fecunda carrera literaria de más de siete décadas.

(Robert Silverberg) 1 – Un joven prometedor

ROBERT SILVERBERG nació en Brooklyn, Nueva York, el 15 de enero de 1935. Sus padres, Michael y Helen, eran judíos y no tuvieron más descendencia. Pese a su procedencia, no echó raíces en el seno de la comunidad judía.

Soy totalmente incapaz de conectar con ningún tipo de fe religiosa convencional.

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Tuvo la infancia típica de un niño solitario e introvertido: se volcó en los estudios y en la lectura. Empezó leyendo cómics a los 6 años, y a los 10 se pasó a la literatura. El cómic que más le impactó fue Planet Comics, leído en 1942. Robert tenía 7 años por aquel entonces y le descubrió la ciencia ficción. Luego llegaron las decisivas lecturas de 20.000 leguas de viaje submarino y, sobre todo, La máquina del tiempo.

Empezó a escribir siendo adolescente y a enviar relatos a las revistas poco después. En 1949 creó un fanzine de ciencia ficción llamado Spaceship. Vendió su primer relato a la revista Science fiction adventures, en diciembre de 1953 (a los 18 años). Curiosamente, era una historia de no ficción titulada Fanmag.

Escribir ciencia ficción me permitía dar vía libre a esas fantasías sobre espacio y tiempo y dinosaurios y superhombres que me resultaron tan gratificantes. Y había tropezado con el mundo del fandom, un mundo más acogedor que el mundo real de matones y atletas y sexo. Sabía que si mi nombre figuraba en el índice de Astounding, ganaría un prestigio que ni remotamente ganaría entre mis compañeros de estudios.

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Su entrada en el mundo editorial de la ciencia ficción fue el relato Gorgon Planet, publicado en 1954 en la revista británica Nebula Science Fiction. Silverberg tenía 19 años recién cumplidos.

Gorgon Planet apareció en esta revista. Se trata de un relato típico de aventuras en un planeta alienígena cuyo punto fuerte es el giro final FUENTE

Cuando dirigía el periódico escolar del instituto Erasmus Hall High School, en 1951, Silverberg escribió una reseña de una novela de ciencia ficción para adolescentes publicada por Thomas & Crowell. Era un libro torpe e ingenuo que Robert demolió con tanta eficacia que su análisis llegó a oídos de la editorial. Como resultado, en 1953, la Thomas & Crowell le invitó a examinar y criticar, antes de la publicación, el último manuscrito del mismo autor. Lo leyó y también lo apaleó con tanta contundencia que el libro nunca se publicó. Entonces los editores le dijeron: «Si sabe tanto de ciencia ficción, ¿porque no intenta escribir una novela para nosotros?». Silverberg aceptó el desafío y al poco, en 1955, llegó su primera novela: Revuelta en Alfa Centauro.

Revuelta en Alfa Centauro fue la primera novela de Robert Silverberg en ser publicada. Es una aventura juvenil llena de los tópicos del pulp y con dinosaurios.

Escribió Revuelta en Alfa Centauro mientras estudiaba Literatura Inglesa en la Universidad de Columbia, en la que se licenció en 1956. Tras ello, decidió convertirse en escritor profesional, algo que lograría con pasmosa facilidad, como veremos. Ese mismo año se casó con su primera mujer, Barbara Brown.

Robert Silverberg y Randall Garret

El año 1955 resultó crucial para la carrera del joven Silverberg. Se había mudado a un modesto apartamento en Nueva York y su vecino de puerta era un reconocido escritor de la época: Randall Garret. Asociado con Garret, ambos escribieron con el seudónimo de Robert Randall un par de docenas de relatos que se publicaron en las revistas pulp de la época. Además, Garret auspició los primeros pasos en el mundillo literario presentándole a la flor y nata de los editores de los 50.

Randall Garrett (1927 - 1987) fue un autor estadounidense de ciencia ficción y fantasía. Escribió para Astounding y otras revistas de las décadas de 1950 y 1960. Enseñó a Robert Silverberg técnicas para vender grandes cantidades de ciencia ficción de acción y aventuras. También colaboró con él en dos novelas sobre unos terrícolas que alteran una civilización agraria pacífica en un planeta alienígena.

Cuando estaba empezando hice multitud de historias con Garret, cuyas habilidades complementaban las mías: a él se le daban bien las tramas y tenía una amplia formación científica, pero no podía mantenerse sobrio el tiempo suficiente para terminar el trabajo. Yo tenía una mayor visión del personaje y dominio del estilo, y más disciplina de escritura, pero carecía de sus conocimientos científicos. Trabajamos juntos durante un par de años, 1955-57, y luego nunca más.

Robert silverberg

Joven y sobradamente prolífico

Silverberg ganó su primer Premio Hugo en 1956. Fue el que se concedió al escritor más prometedor. Los otros candidatos de ese año fueron Harlan Ellison y Frank Herbert.

El pretexto para el premio sólo pudo ser mi ubicuidad, pues la mayor parte de mis publicaciones eran artesanales, y una buena parte bazofia oportunista.

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Como él mismo afirmó, ya por aquel entonces escribía como un poseso. Tal era el volumen de su producción que se vio obligado a recurrir a numerosos seudónimos más para no saturar el mercado. Entre 1957 y 1959 publicó 220 relatos y 11 novelas. Solo o con Randall, Silverberg llegó a publicar hasta 5 cuentos por mes. Gracias a esa inmensa productividad, ya ganaba más dinero que todos sus colegas, a excepción de Heinlein, Asimov, Bradbury y Clarke. De la pluma de Silverberg brotaron historias de todos los géneros: ciencia ficción, misterio, aventura, oeste y erótico. Muchos de los trabajos de esa época nunca han vuelto a ser publicados ni se tradujeron a otros idiomas.

Robert Silverberg
Un jovencito Robert Silverberg FUENTE

Dado que yo era especialmente prolífico y capaz de satisfacer las demandas de diversos mercados, desde los más altos hasta los más bajos, vendiendo más de un relato a la semana, no estaba sometido a ninguna presión económica: nada más salir de la universidad, ganaba al mismo nivel de Heinlein y Asimov. La mayoría de los demás escritores de ciencia ficción de la época eran incapaces de producir un volumen tan notable de material. Apenas terminé mis estudios universitarios, tenía un bonito apartamento de cinco habitaciones en una de las mejores calles residenciales de Manhattan, fui a Europa en 1957, etc.

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Una de las claves del éxito comercial de Silverberg fue su pragmatismo: llamaba a los editores para preguntarles qué material necesitaban y escribía cuentos a su medida, se adaptaba al mercado. Lo hacía sin pretensiones, sin intención ninguna de innovar en el género ni nada.

En 1956, cuando ganó su primer Hugo, Silverberg fue el autor o coautor de cuatro de las seis historias del número de agosto de la revista Fantastic, rompiendo su propio récord establecido en el número anterior. Y a lo largo de los siguientes cuatro años, según su propia estimación, Silverberg escribió en torno a un millón de palabras al año, principalmente para revistas y novelas cortas para la editora Ace Doubles. En 1958 llegó a colocar en el mercado un total de 80 relatos. 

Suma y sigue…

En su apogeo de finales de los 50, Bob Silverberg escribía mensualmente un libro para una editorial, otro para una segunda editorial, y el equivalente a otro libro para alguna revista. Escribía un cuarto de millón de palabras al mes bajo varios seudónimos, incluyendo alrededor de 200 novelas eróticas como Don Elliott. Escribió novela erótica, confesó en una entrevista, porque a los 26 años se había endeudado al comprar una espléndida casa en Nueva York.

No habría habido manera de pagar la casa escribiendo ciencia ficción, así que produje un montón de novelitas sexuales. Nunca oculté el hecho de que las estaba haciendo, para mí era indiferente si el público lo sabía o no. Era sólo un trabajo. Y era, casualmente, un trabajo que hacía muy bien. Creo que eran unas notables novelas eróticas.

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De aquellos años, se recuerda con especial interés los relatos Hombre Cálido, Master of Life and Death y Recalled to Life. La experiencia estajanovista terminó con el escritor saturado y desencantado al darse cuenta de que su obra se había anclado en historias tópicas y manidas. La distancia entre sus preocupaciones existenciales e inquietudes artísticas y su obra se había ido ampliando relato a relato. Y como detonante final a su crisis artística, llegó la crisis de la literatura pulp: a finales de los 50, gran parte de esas revistas cerraron, y las que no sucumbieron al colapso no apoquinaban demasiado dinero por los manuscritos.

A fines de 1958, el mundo de la ciencia ficción sufrió un colapso. La mayor parte de las revistas para las que yo escribía regularmente dejaron de publicarse a causa de ciertos percances de distribución. Y las que sobrevivieron se volvieron mucho más restrictivas en cuanto a las publicaciones. Mi producción masiva se volvió obsoleta […] y tuve que buscar trabajo en el ámbito editorial general de Nueva York».

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Ante esta tesitura, Silverberg anunció su abandono: no escribiría más ciencia ficción. Corría el año 1959. Durante ese año y el siguiente se dedicó a escribir artículos y cuentos firmados con seudónimo. Algunos títulos fueron: Curas para noches de insomnio, El horror asola la autopista, Fui contrabandista en Tánger, Diablos del volante, Billones de sepultados aguardan. A pesar de todo, su nombre siguió sonando en el género: se publicaron antologías recopilando sus mejores relatos, y el propio Silverberg sacó fuerzas para extender algunos relatos cortos hasta convertirlos en novelas breves.

(Robert Silverberg) 2 – El regreso del hijo pródigo

Durante los primeros dos años de la década de los 60, Robert Silverberg se dedicó sobre todo a escribir libros divulgativos, como Tresaures Beneath the Sea (1960) o Ciudades perdidas y civilizaciones desaparecidas (1962). También escribió sobre el programa espacial, la familia Rockefeller, la vida de Winston Churchill, el Preste Juan, la Gran Muralla China… Con el tiempo volvería a la ciencia ficción, pero su retorno se fue fraguando lentamente.

Asistía a fiestas y convenciones y me mantenía al corriente de lo que se publicaba. Pero ciencia ficción escribía muy poca. No parecían existir razones comerciales para volver. Aunque el género se había recuperado de su colapso de 1958, tenía más trabajo del que podía hacer en el lucrativo campo de los libros juveniles de divulgación. Solo que la vieja vergüenza seguía carcomiéndome: había servido mal a la CF en mis tiempos de 1955-58 y le debía una compensación.

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En efecto, Silverberg to tardaría en volver, y lo haría por todo lo alto. Hubo dos figuras clave en su regreso triunfante: Frederick Pohl y Harlan Ellison.

Visiones desde el otro lado del Atlántico

A principios de los años 70 la ciencia ficción se estaba volviendo más seria y sofisticada. Frederik Pohl, que por entonces era redactor en tres revistas del género (Galaxy, Worlds of Tomorrow e If), sugirió a Silverberg que había llegado el momento idóneo para escribir historias más profundas y maduras y alejadas de tópicos. Pohl le dio carta blanca para que escribiera algo para alguna de sus revistas. Robert, que anhelaba precisamente eso, aceptó volver al género que lo había hecho despegar como escritor pero prestando más atención al desarrollo de los personajes y a un uso más rico del lenguaje. Había estudiado y asimilado la literatura modernista en la Universidad de Columbia y quería demostrarlo.

Robert Silverberg y Frederik Pohl en 1966 FUENTE

Nueva Ola

Silverberg y Pohl se inspiraron en la Nueva Ola de la ciencia ficción encabezada por los autores ingleses Michael Moorcock, Brian Aldiss y J. G. Ballard. Ellos, y muchos otros, renovaron el género desde la revista New Worlds, promoviendo un enfoque más literario que dejaba atrás los lugares comunes de la ciencia ficción tradicional.

Yo simpatizaba con el movimiento de la Nueva Ola porque disfrutaba de la nueva libertad inherente a escribir ciencia ficción con toda la gama de mis habilidades técnicas. Defendí a algunos de los escritores de la Nueva Ola frente a amigos míos de la Vieja Guardia, como Lester del Rey. Decidí que era hora de escribir la ciencia ficción que me gustaba leer.

Robert silverberg

El regreso de Robert Siverberg a la ciencia ficción se materializó con el relato Para ver al hombre invisible. El cuento plantea una terrible situación de exilio social: a las personas que demuestran no ser lo suficientemente empáticas y consideradas con los demás, se les declara socialmente invisibles durante un tiempo, privándoles de toda interacción humana. Se considera que en este texto Silverberg le encontró el punto a escribir ciencia ficción pero sin dejar de lado temáticas significativas, como la crítica social. El relato, que según Silverberg se inspiró en Borges, apareció en Worlds of Tomorrow (revista editada por Pohl que más tarde se fusionaría con If). Fue adaptado a TV en 1985 en un episodio de la serie The Twilight Zone.

Visiones peligrosas

Casualidades de la vida, en el mismo edificio en que vivían Robert Silverberg y Randall Garret, residía otro autor que no pasó desapercibido dentro de la ciencia ficción: Harlan Ellison. Ellison estaba preparando el lanzamiento de una antología de relatos de ciencia ficción que desafiaran las convenciones y fuesen perturbadores, dando un paso más en la evolución del género. Silverberg tenía sus dudas, pero al final se animó y le entregó el estremecedor cuento Moscas (1966). La antología fue publicada al año siguiente bajo el título de Visiones Peligrosas.

Visiones peligrosas en la edición española de 1983 de la mítica colección Superficción (Martínez Roca) FUENTE
Robert Silverberg
Harlan Ellison y Robert Silverberg en 1966 FUENTE

Tras escribir Moscas, Silverberg se reencontró definitivamente consigo mismo como escritor de ciencia ficción, y muchos consideraron su regreso como el retorno del hijo pródigo. De esa época datan cuentos largos muy celebrados como Espinas (1967), el que dos personajes modificados por unos alienígenas sufren ostracismo, o Estación Hawksbill (1967). Y también el fix-up de relatos, publicados por Pohl en Galaxy Magazine, Las puertas del cielo (1967), en la que una nueva religión ayuda a la gente a alcanzar las estrellas. Hay quien considera esta obra (Las puertas del cielo) como un claro antecedente de los logros que Silvelberg alcanzaría poco después en su famoso Quinquenio dorado (1967-1972).

En el número de agosto de 1967 de Galaxy Magazine, apareció el relato de 20.000 palabras Estación Hawskbill. El cuento le proporcionó a Silverberg sus primeras nominaciones a los premios Hugo y Nébula. Al año siguiente se publicó una versión extendida FUENTE
La mejora en la calidad de las obras que escribía no supuso un menoscabo en la velocidad de escritura de Silverberg: Algis Budrys afirmó de él que en 1965 publicaba al menos 50.000 palabras a la semana, el equivalente a una novela corta. 

(Robert Silverberg) 3 – El Quinquenio dorado

Prueba de que la pluma de Silverberg era sumamente prolífica es que, entre 1960 y 1972, publicó al menos 60 libros. De todo tipo: prehistoria, arqueología, exploraciones… A lo que hay que sumar más de una docena de novelas más de pornografía light bajo el seudónimo de Don Elliot.

Un par de novelillas picantes escritas por Robert Silverberg como Don Elliott FUENTE

Es a partir de la segunda mitad de los 60 cuando arranca la etapa más fructífera y exitosa de Silverberg como escritor de ciencia ficción. Su disciplina y talento le llevaron a completar puñados novelas y relatos de alto nivel, lo que lo convirtió en uno de los grandes referentes de la nueva ciencia ficción norteamericana. Durante el periodo que va de 1966 a 1976, cultivó sus grandes obsesiones personales: la inmortalidad, el dolor y la expiación de la culpa, la muerte, el mesianismo y la búsqueda de espiritualidad y conectividad. Sus historias muestran habitualmente un lado oscuro y pesimista, rezumando soledad, tristeza y devastación interior.

Una de las cosas que me atrajo de la ciencia ficción cuando era un joven lector fue la esperanza de que, a través de ella, pudiera vislumbrar, aunque fuera imaginariamente, el futuro que sabía que no viviría para ver. En mis escritos sigo tratando una y otra vez el problema de la vida finita. En cuanto a los asuntos espirituales, soy dolorosamente consciente de la soledad final en la que todos vivimos, y he buscado algún sentido de conectividad con una entidad universal, mientras que al mismo tiempo soy totalmente incapaz de conectar con ningún tipo de fe religiosa convencional. El abismo entre estos dos problemas ha sido para mí un terreno fértil para la exploración en la ficción.

robert silverberg
Robert Silverberg
Lee Hoffman, Harlan Ellison y Robert y Barbara Silverberg en 1966 FUENTE

Si constreñimos un poco más su período de gloria, tenemos que durante cinco años (el llamado Quinquenio dorado, de 1967 a 1972) escribió «obra maestra tras obra maestra. Veintiún novelas que le reportaron siete nominaciones al premio Nébula (con una victoria), siete y uno (en novela corta) también en los Hugo y cinco nominaciones a los Locus», citando de nuevo a Rescepto Indablog.

Cinco años imprescindibles

En 1968 Silverberg sufrió un incendio catastrófico en su casa, lo que lo abocó prácticamente a la ruina económica. Ante la imperiosa necesidad de hacer caja, a sus 43 años, «decidió escribir una serie de novelas cortas, entrelazadas pero lo bastante independientes entre sí para poder ser publicadas en una revista antes de recopilarlas en un fix-up». La primera, Alas nocturnas (1968), en la que fusionó ciencia ficción y fantasía, fue del agrado de Frederik Pohl, que pagó generosamente por ella para publicarla en el número de septiembre. La jugada les salió bien a ambos, pues la historia fue finalista a los Nébula y conquistó el Hugo de novela corta de 1969. Las siguientes entregas, Camino a Parris y Hacia Jorslem, se editaron conjuntamente a finales del 69.

Según dijo el propio Silverberg, escribió Alas nocturnas en cinco días.
Robert y Barbara Silverberg. Bob sostiene el Hugo concedido a Alas nocturnas en 1969 FUENTE

También de 1968 es Las máscaras del tiempo. Tenemos ya, por tanto, a Silverberg brillando a toda mecha. A los títulos apuntados hay que añadir Regreso a Belzagor (1969), un relato con reminiscencias de Joseph Conrad (El corazón de las tinieblas), en la que el antiguo administrador humano de un mundo alienígena vuelve después de que los habitantes animalescos del planeta hayan sido liberados. Otra obra aclamada de 1969 es To Live Again, en la que los recuerdos y personalidades de los fallecidos pueden transferirse a otras personas. Y también del 69, aunque considerada una obra menor, se publicó A través de un billón de años, novela que en cierta medida anticipa Pórtico, del propio Pohl (1977).

Llegado 1970, Silverberg ganó un Premio Nébula por el truculento y descorazonador relato corto Pasajeros, en la onda malrollera de Moscas. Y otro éxito de ese año fue La torre de cristal.

La torre de cristal va más allá de la simple especulación científica porque nos aporta también una inquietud interna sobre grandes dilemas de la humanidad como es la creación de vida artificial y el uso que se hace de ella. En La Torre de cristal encontraremos teletransportación, intercambios de personalidad a través de ondas cerebrales, ingeniería genética, comunicación extraterrestre, una reflexión sobre la dualidad religiosa y científica… pero sobre todo trata de la inteligencia artificial, los robots, de la vida creada en tanques y de lo que piensa esta vida no natural de su papel en la historia de la humanidad.

La Biblioteca del Kraken

Para 1971 Silverberg además publicó una gran cantidad de cuentos, como Buenas noticias del Vaticano. Pero en esta época se focalizó sobre todo en sacar adelante obras largas (entre comillas, porque muchas de ellas apenas superan las 200 págs.) que le permitían desarrollar sus ideas sin limitaciones de espacio. En El mundo interior (1971), echa una mirada a un futuro superpoblado y adicto al sexo y a la procreación. Cerró el año con Tiempo de cambios (1971).

Su escalada de genialidad le llevó a presentar al año siguiente El libro de los cráneos (1972) y Muero por dentro (1972), esta última una historia sobre un telépata que está perdiendo sus poderes. Por si esto fuera poco, durante su Lustro glorioso además publicó más de treinta títulos de no ficción, no lo olvidemos.

Síntomas de agotamiento

El Quinquenio dorado fue un periodo tan prolífico como agotador y, como si Muero por dentro hubiese sido una novela autobiográfica y pofética, la creatividad y el impulso escritoril de Silverberg empezó a secarse. Además, el buen acogimiento de la crítica no se traducía necesariamente en ventas espectaculares. Y Silverberg empezó a tener problemas de tiroides. Entonces, se mudó desde su Nueva York natal a la Costa Oeste de EE.UU. Era 1972. Su crisis creativa le llevó a un retiro de la escritura progresivo, no del todo completo de momento, pero se iba acercando. Sus publicaciones en los años siguientes se limitan a un novela corta, Nacida con los muertos, en 1974 (que en el 75 se alzó con el Nébula y el Locus a la mejor novela corta), y El hombre estocástico en 1975. Parecía claro que el hombre necesitaba un descanso.

Robert Silverberg
Barbara Silverberg (Brown de soltera) y Robert Silverberg en los 70 FUENTE

Otra vez su amigo Harlan Ellison intentó seducirle con una oferta. Ya estábamos en 1975 cuando escribió Waiting for the Earthquake para otra nueva antología de Ellison, como compromiso puramente personal. A las puertas de su exilio de la escritura, la última novela de ciencia ficción que escribió en la década de los 70 fue Sadrac en el horno (1976). Ese mismo año se divorció de su esposa Barbara Brown tras dos décadas de matrimonio (se habían casado en 1956).

En 1976 Silverberg anunció que se retiraba de la ciencia-ficción, llevado, según Asimov, por el hecho de que los editores estaban dejando agotar su obra, y por el poco reconocimiento de los lectores a pesar de los muchos premios recibidos. Pero sobre todo, porque se había exprimido demasiado a sí mismo.

(Robert Silverberg) 4 – La vuelta al tajo

Tras cuatro años de silencio, Silverberg reanudó su actividad literaria en el 79 y en 1980 publicó una novela de fantasía con toques de ciencia ficción: El castillo de Lord Valentine, primer volumen de la saga Majipur, extendida en los años siguientes con 12 novelas más (muchas de ellas cortas). La última apareció en 2013.

El castillo de Lord Valentine y siguientes se ambienta en un planeta alienígena, mucho más grande que la Tierra y habitado por varias especies diferentes de colonos. Los que dominan el cotarro allí son los seres humanos. 

Con la irrupción de Star Wars a finales de los 70, el mercado pasó a demandar obras con más luz, optimismo y tono escapista. Precisamente, los años en que Silverberg dio lo mejor de sí mismo no se ajustaban a esos patrones sino más bien lo contrario. No eran para nada novelas feel good. Quizá por eso, para encajar en el nuevo paradigma, su obra a partir de los 80 se hizo más ligera, como es el caso de Crónicas de Majipur.

El castillo de Lord Valentine (Majipur 1), de Robert Silverberg FUENTE

En 1984 Silverberg regresó a la ciencia ficción más pura con Tom O´Bedlam, una novela coral ambientada en un futuro de postguerra atómica en el que existen borrados de memoria, enfermedades mentales, cultos milenaristas, inteligencias cósmicas y visiones mesiánicas.

Un periodo no exento de premios

Silverberg recibió un premio Nébula en 1986 por la novela corta Rumbo a Bizancio (1985), que orbita en torno a la idea de excursiones turísticas al pasado por parte de una humanidad del futuro que ha alcanzado la inmortalidad y vive despreocupada. También en el 86 volvió a la space opera con un libro más en sintonía con su producción de los años 50, La estrella de los gitanos. Y otro reconocimiento le vino en forma premio Hugo al año siguiente, 1987, por la novela corta Gilgamesh el Rey.

En 1987 Silverberg volvió a casarse. La afortunada fue la escritora de ciencia ficción, Karen Haber. Juntos escribieron la novela Tiempo de mutantes (1989). La pareja se mudó a la bahía de San Francisco, donde Silverberg poseía una mansión.

Silverberg terminó la década de los 80 con obras menores como Al final del invierno (1988), donde cuenta el renacer de la civilización humana tras un cataclismo planetario.

¿Trabajos puramente alimenticios?

En esta su tercera etapa encontramos a un Robert Silverberg menos inspirado y más denso y extenso de lo que nos tenía acostumbrados en los 60-70. Como afirma el dicho, el que tuvo, retuvo, y el Silverberg de estos años conserva más o menos intacto su buen hacer en cuanto a las caracterizaciones e ideas interesantes aquí y allá, y su prosa elegante, aunque más convencional que en su época más inspirada. De hecho, le cayó otro Hugo más en 1990 por la novela corta Entra un soldado, después entra otro.

En los años 90 siguió escribiendo a destajo, aunque su pluma parió obras de poca envergadura y con repetición de temas y situaciones. En Tebas, la de las cien puertas (1995) expone un viaje atrás en el tiempo al Egipto de la Antigüedad.

Fue una década esta en la que se sucedieron trabajos más bien alimenticios, como extender tres cuentos de Isaac Asimov (Anochecer, El niño feo y El hombre bicentenario) en novelas mayormente consideradas prescindibles: Anochecer (1990), Hijo del tiempo (1992) y El robot humano (1993).

Silverberg y Asimov FUENTE

En los últimos años, su declive se ha hecho patente. Su prosa muestra oficio; sus reflexiones siguen manteniéndose ahí pero, desafortunadamente, ha empezado a repetirse y, lo que es peor, a aburrir. En todo caso, sí ha sabido ofrecer unos cuantos relatos de calidad.

leído en «muero por dentro» [Super Ficción 2 104]
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Robert Silverberg FUENTE

La SFWA (Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de EE.UU.) nombró a Robert Silverberg su vigesimoprimer Gran Maestre en 2005. En la actualidad (enero de 2026), continúa escribiendo artículos de diversa índole en la sección Reflections de la revista Asimov’s Science Fiction.

Robert Silverberg
Este meme de Silverberg que circula por Internet quizá nos de una pista sobre el origen de su sobrehumana capacidad de escritura: ¿Alienígena? ¿Compinche de Belcebú? ¿Robot positrónico? FUENTE

La opinión más o menos unánime es que la obras de Silverberg posteriores a 1976 carecen de la grandeza literaria de sus trabajos publicados entre 1967 y 1976. Sus grandes novelas de esa época son: Espinas, Regreso a Belzagor, Las máscaras del tiempo, Muero por dentro, Alas nocturas, El hombre en el laberinto, El libro de los cráneos, El mundo interior, Tiempo de cambios, entre otras.

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Robert Silverberg en una firma de libros en la Glasgow World Sci-fi Convention de 2024 FUENTE

FUENTES:

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