Catástrofe en el espacio, de Harry Harrison

Catástrofe en el espacio es una novela de Harry Harrison publicada originalmente en 1976 con el título de Skyfall. Se trata de una obra menor, de poca trascendencia, pero que resulta de interés como retrato de una época no tan lejana.

Catástrofe en el espacio entronca directamente con el cine de catástrofes típico del Hollywood de la época. El título no engaña: todo lo que puede ir mal, va mal. Se produce desastre tras desastre, no paran de surgir peligros y amenazas no solo para los astronautas protagonistas, sino también para los incautos terrícolas.

catástrofe en el espacio
Catástrofe en el espacio, de Harry Harrison – Fuente

Argumento de Catástrofe en el espacio (1976)

La novela se ambienta en la época de la Guerra fría, pero con el aliciente de que las grandes potencias han dejado de lado sus diferencias. La razón es la crisis energética global, crisis del petróleo mediante, que debe resolverse de una vez. A las naciones no les queda más remedio que olvidarse de los combustibles fósiles porque ya han contaminado demasiado, y además se están acabando.

EE.UU. y la U.R.S.S. colaboran en un proyecto espacial internacional para captar energía limpia del sol y transformarla en electricidad. No se explica mucho cómo ambas potencias llegaron a entenderse. El proyecto, llamado Prometeo, pretende poner en órbita una red de naves y estaciones, siendo la primera de ellas la nave Prometeo.

Desde el minuto uno se dan todo tipo de problemas en la nave…

¿Una americanada?

Catástrofe en el espacio podría pensarse que es la típica americanada en la que unos aguerridos héroes estadounidenses consiguen salvar el planeta. Sin embargo, Harrison les da casi igual protagonismo a yanquis y rusos. Aunque un poco más a los yanquis, como era de esperar.

El desarrollo de la trama es una sucesión de cosas que se estropean y funcionan mal, con lo que lo de salvar el planeta enseguida queda en segundo plano. Entre los problemas están: etapas de cohetes que no se separan como deben; restos de cohetes que caen en muy mal lugar; tormentas solares muy inoportunas…

Frente a los desastres van surgiendo soluciones desesperadas un poco sacadas de la manga en el último minuto. Algunas veces se roza el deus ex machina.

Catástrofe en el espacio y también en la Tierra

Aunque la novela se titula Catástrofe en el espacio, la mayor catástrofe que nos cuentan ocurre en la Tierra. Eso sí, a consecuencia del lanzamiento defectuoso de la imponente Prometeo. Cierta tragedia que sucede en cierta ciudad no me la esperaba y me dejó sorprendido. Aunque no se profundiza apenas en el drama humano.

La misión sale tan mal que no solo la vida de los astronautas está en serio peligro, la amenaza también se cierne sobre ciudades importantes. Los problemas comienzan nada más la Prometeo, la mayor nave que el hombre ha lanzado jamás al espacio, despega. Queda fuera de control y en peligro potencial de caer sobre Londres, Moscú o Nueva York, y provocar una explosión equivalente a la de una bomba atómica gigante.

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Catástrofe en el espacio, de Harry Harrison – Fuente

Los personajes de Catástrofe en el espacio

Al principio de la novela da la impresión de que los protagonista van a estar caracterizados con cierta claridad. Pero lo cierto es que no se profundiza en ellos. Lo que parecía iba a ser una caracterización más o menos sólida, no demasiado profunda pero lo justo para que los identifiques bien, se queda bastante justita y dispersa.

Por ejemplo Patrick Winter, el comandante yanqui, es el típico héroe intachable que enamora a todas las féminas. Demasiado burdo, la verdad.

Entre la tripulación de la Prometeo hay dos mujeres, una piloto rusa y una médica estadounidense. Esto obedece a un intento de Harrison de poner sobre la mesa el feminismo incipiente. Pero feminismo y machismo conviven.

La piloto rusa por un lado es tan buena profesional como cualquier hombre, pero por otro lado es una mujer muy sexy que acabará convirtiéndose en un interés romántico para el líder americano.

La médica estadounidense además de mujer es negra, con lo que Harrison también pone en evidencia el racismo de la época. De hecho, se nos comenta que la segregación racial todavía está vigente en los EEUU.

En la novela se muestra que la elección de la médico negra es más un tema de postureo político, un querer quedar de más avanzados que los rusos, que otra cosa. Los americanos eligen a la mujer para su tripulación solo en el último momento, para no ser menos que los rusos. Y que además sea negra también obedece más a un golpe de efecto político que a una verdadera convicción social.

Malditos políticos

Harrison le presta bastante atención al papel de los líderes políticos en la catástrofe. Y los deja a la altura del betún. Tanto de un lado como del otro. Lo rusos son presentados como traicioneros y poco de fiar (los políticos, no así los astronautas, todos muy dignos y honorables).

Pero donde más carga las tintas Harrison es con el presidente americano. Llega a culparlo de todo lo malo que pasa. Es su ansia de cubrirse de gloria y apuntarse el tanto de salvador de la humanidad la que lleva a que se lance la Prometeo demasiado pronto, ignorando las advertencias de los científicos.

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Periodistas y militares: Otros que tal bailan

Los periodistas tampoco salen muy bien parados. No falta el típico director de periódico sin escrúpulos que se lanza de cabeza al alarmismo más descerebrado. Me ha parecido todo un precedente acertadísimo de lo que ocurre hoy día. Desde los informativos generalistas hasta el clickbait más cutre que te puedes encontrar en Internet.

Con los militares nada nuevo bajo el sol. Como siempre, van a lo suyo y lo único que tienen en mente es armarse con bombas más potentes que las del enemigo. Y ya con eso esperar solucionar todos los problemas.

¡Sexo en el espacio!

Hay una escena en la que dos astronautas se enrollan en la Prometeo y tienen sexo sin gravedad. ¡No me lo esperaba! Aunque bueno, la narración no entra en detalles, solo se sugiere lo que ocurre.

Buen arranque, pobre desarrollo

Catástrofe en el espacio no es una novela satírica, aunque aquí y allá está salpicada de chascarrillos. O dicho de otra manera, tiene un estilo bastante irónico y dicharachero. Esto es así sobre todo en los primeros compases, pero a medida que el libro avanza pierde pulso y se convierte en una narración tirando a anodina.

Si todo el libro mantuviese el grado de detalle y tono de las primeras páginas, creo que quedaría mejor. Es una lástima pero el desarrollo se vuelve rutinario y plano, sobre todo a bordo de la Prometeo. Lo que sí aporta algo de interés es lo que se trajina en la Casa Blanca, los despachos y el Centro de Control de la misión.

Pero pese a la falta de ambición narrativa, el libro se lee fácil: es directo, conciso y fluido. No aburre, aunque tampoco aporta nada memorable.

Escasa especulación científica

A nivel especulación científica la novela se queda corta. No soy fan de que me aturullen con datos científicos, pero en esta novela creo que algunas explicaciones de la tecnología que se pretende poner en órbita para captar energía limpia, y demás, hubiese aportado más realismo.

Aunque también es verdad que el objetivo de Harrison no es ese, sino retratar los comportamientos asociados a la alta política, el militarismo y ciertos sectores del periodismo.

Harry Harrison

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Harry Harrison – Fuente

El americano Harry Harrison es conocido sobre todo por su novela ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio!, de 1966. El argumento de este libro sirvió de base para la famosa película Cuando el destino nos alcance (1973). Sin embargo, la película se alejó bastante del texto original, mucho más pesimista.

¡Soylent Green is people! – Fuente

De hecho, ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! es un poco rara avis en la producción de Harry Harrison, ya que en general sus obras tiraban por lo satítico-humorístico. Un ejemplo de esto es Bill, héroe galáctico (1965), parodia de las novelas de ciencia ficción militarista en la onda de Tropas del espacio (1959), de Heinlein.


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