Gilles de Rais, un monstruo muy real

Gilles de Rais fue un hombre cruel, violento y sádico cuyos crímenes se describen como espeluznantes. Tanto es así que, a este noble francés del siglo XV, se le considera el primer asesino en serie de la historia. Pedófilo, necrófilo y psicópata, Gilles de Rais fue un monstruo muy real y sediento de sangre.

Su carrera criminal se desarrolló en una región del noroeste de Francia. Sus asesinatos fueron auténticas atrocidades incluso para la época.

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Retrato imaginario de Gilles de Rais. Fuente: Wikipedia.

La infancia violenta de Gilles de Rais

Gilles de Rais nació en el año 1404 en el seno de una familia de gran fortuna. Sus padres nunca se ocuparon de él y, para colmo, a los once años quedó huérfano.

Su padre fue herido de muerte por un jabalí durante una cacería. Se dice que Gilles no mostró ningún gesto de pena por él, sino que se recreaba viendo las vísceras de su padre desparramadas por la cama en su lecho de muerte. Su madre murió poco después.

Torre Negra del Castillo de Champocé, en la Bretaña francesa. Lugar de nacimiento de Gilles de Rais.

Tras la muerte de sus progenitores, Gilles fue criado por su abuelo materno, en contra de la última voluntad el padre. El abuelo era un hombre violento y que odiaba al papá de Gilles.

En realidad, lo que le interesaba al abuelo era la fortuna que acababan de heredar Gilles y su hermano. Se cuenta que, de su abuelo, el jovencito Gilles aprendió que los nobles podían cometer cualquier atropello con impunidad. También que la mejor solución ante los obstáculos era la violencia.

“Mi abuelo me enseñó a beber y a extraer placer, desde niño, de pequeñas crueldades”

Gilles de Rais

Según las crónicas, Gilles de Rais de niño leía mucho y disfrutaba, sobre todo, de las brutalidades de los emperadores romanos Calígula y Nerón. Al igual que ellos, él también gozaría, impunemente durante años, de orgías y crímenes.

Adolescencia y primer asesinato de Gilles de Rais

A los catorce años Gilles de Rais ya destacaba en el uso de las armas. Como reconocimiento, su abuelo le regaló una espléndida armadura blanca y le concedió el título de caballero.

Por aquel entonces cometió su primer asesinato. Gilles retó a un duelo al hijo de unos sirvientes, llamado Antoine. Al comenzar la lucha, Gilles aseguró que solo se trataba de un juego. Pero finalmente terminó clavando su espada en el cuello de Antoine. Después, en lugar de pedir ayuda, se dedicó a observar con deleite cómo el muchacho se desangraba en el suelo. Zanjó el incidente dando una indemnización a la familia de la víctima.

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Gilles de Rais. Imagen: La conjura de Tarquino.

A los dieciséis años Gilles de Rais ya era todo un hombre: era musculoso, alto y ancho de hombros. Tenía grandes ojos azules y cabello negro y ondulado, y estaba dotado de gran habilidad en el uso de las armas.

Se cuenta que su abuelo lo pilló practicando sodomía varias veces, con pajes e incluso con su propio primo. En vista de aquello, el abuelo intentó casarlo para enderezarlo, pues no quería un nieto homosexual. Pero el plan de boda fracasó.

Al poco, Gilles se estrenó en el campo de batalla en un conflicto local relacionado con la Guerra de Sucesión bretona. Gilles luchaba siempre a la vanguardia de sus soldados, hacía gala de gran violencia y temeridad. Parecía no temer a la muerte.

Le gustaba cortar cabezas y terminar con su armadura blanca bañada en sangre. Sus compañeros de armas lo consideraban un gran líder militar.

Matrimonio y muerte de su abuelo

A su regreso de la guerra en Bretaña, el abuelo de Gilles le había encontrado una candidata ideal para desposarlo. Se trataba de su vecina y prima Catherine de Thouarscon, de quince años de edad. La familia de ella se negó al matrimonio, así que abuelo y nieto raptaron a la muchacha y Gilles se casó con ella a la fuerza el mismo día. Era el año 1422.

Además, también secuestraron a la suegra y la retuvieron a pan y agua hasta que la familia aceptó la unión matrimonial. Así consiguieron la cesión de varios castillos y tierras como parte de la dote de bodas. Gilles y Catherine tuvieron una hija juntos, pero tiempo después la madre huyó con la niña en brazos. Gilles no se esforzó en recuperarlas.

A la muerte del abuelo Gilles se convirtió en barón de Rais. Heredero de una gran fortuna, se le consideraba más rico que el rey de Francia.

Ruinas del Castillo de Machecoul, uno de los 36 castillo de los que Gilles de Rais fue dueño. Fuente: Castillos de Francia.

Gilles de Rais y Juana de Arco

La vida de Gilles transcurrió durante la Guerra de los Cien Años, un conflicto territorial entre franceses e ingleses. Gilles destacó por su crueldad y osadía en batalla cuando apenas aún era un adolescente. Se ganó así el aprecio del futuro rey de Francia.

Gilles fue contemporáneo y seguidor de Juana de Arco. Juana lideró al ejército francés hacia el triunfo en varias batallas, la más importante la reconquista de Orleans. No solo cabalgaron juntos. Gilles de Rais fue la mano derecha de Juana, su escolta y protector. La salvó en varias ocasiones del fragor de la batalla.

Juana se había hecho con el mando de 5.000 hombres del ejército francés. Lo consiguió convenciendo al mismísimo aspirante al trono de que Dios la había elegido para acabar con todos los males de Francia y poner en el trono al delfín Carlos VII. Las victorias de Juana cambiaron el rumbo de la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia y pusieron la primera piedra para reunificar el país.

Al lado de Juana, Gilles justificaba su sed de sangre. Consideraba que Juana era una emisaria de Dios y estando a su lado mataba por mandato divino. A los veinticinco años fue nombrado mariscal de Francia, un título nunca otorgado a alguien tan joven. Su fortuna siguió medrando.

“Cuando la vi por primera vez parecía una llama blanca. Creí en su misión divina”

Gilles de Rais sobre Juana de Arco
Juana de Arco. Imagen: La Bitácora de Ithil.

Juana y Gilles estuvieron unidos hasta que ella murió en la hoguera, acusada de brujería por los ingleses. Esto sucedió en 1431. Juana tenía tan solo diecinueve años.

Lágrimas por la muerte de Juana

Se cuenta que la traición del rey a Juana de Arco, que la abandonó a su suerte cuando los ingleses la capturaron para juzgarla, fue un golpe terrible para de Rais. Gilles trató incluso de rescatarla, pero no tuvo éxito. Tras la muerte de ella, lloró amargamente ante sus cenizas.

Juana de Arco hoy es considerada una santa y la patrona de Francia. A Gilles de Rais se le considera la personificación del mal. Veamos por qué.

Juana de Arco ardiendo en la hoguera. Fuente: Pinterest.

Orgías, asesinatos y ritos satánicos

Tras la muerte de Juana, Gilles de Rais dejó las armas y regresó atormentado a su castillo. Todavía era joven e inmensamente rico. A partir de entonces se entregó a una vida de excesos, orgías, brujería, ritos satánicos, sexo contra natura y, sobre todo, muerte. Al mismo tiempo que cometía asesinatos a mansalva, la fortuna de Gilles comenzó a menguar debido a tanto desenfreno.

Cuando fue juzgado por sus crímenes, las acusaciones fueron muy graves: violación y asesinato, estar en relaciones con el diablo y sodomía. Entre sus espantosos actos destaca que, cada vez que de Rais visitaba una de sus propiedades, muchos niños desaparecían. Estos niños solían ser aprendices raptados, niños vagabundos, incluso niños vendidos por sus amos. Según uno de los sirvientes de Gilles:

A veces les cortaba la cabeza. Otras, solo la garganta, o les rompía el cuello a golpes. Mientras la sangre de los niños se derramaba, Gilles tenía la retorcida costumbre de sentarse en las barrigas de los niños moribundos. Verlos morir le daba placer.

Otros testimonios hablan de que abría en canal los cuerpos de los niños y tenía relaciones sexuales con ellos mientras sus cadáveres aún estaba calientes. Era tan poderoso en la Francia de la época que asesinó impunemente durante años, por pura diversión. Pero llegó un día en que tanta masacre colmó el vaso, de sangre en este caso.

Por contradictorio que parezca, los historiadores nos cuentan que Gilles nunca dejó de ser un hombre devoto, que rezaba a menudo y además era generoso con los menos desfavorecidos.

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Las atrocidades de Gilles. Fuente: Despertar Sabiendo.

Sangre, gritos y arrepentimiento

Se dice que primero los criados vestían a los niños con prendas lujosas, y Gilles cenaba con ellos. Tras el banquete llegaba el horror. Tortura, violación, ahorcamiento, decapitación, desollamiento o descuartizamiento, todo valía.

Pero después de las sádicas sesiones, Gilles de Rais se juraba a sí mismo, durante horas, que no volvería a repetir los crímenes. También se prometía viajar a Tierra Santa para expiar sus pecados.

Sea cierto o no, Gilles confesó estos y otros crímenes. Eso sí, bajo amenazada de tortura y excomunión. Reconoció, entre otras cosas, que cometió el vicio sodomítico con los niños cuando estaban agonizando y que sentía placer besando a niños que ya estaban muertos. Después hacía que sus sirvientes tomaran los cuerpos y los redujeran a cenizas.

Sin embargo, decenas de esqueletos fueron apareciendo, y así comenzó el proceso contra el noble asesino en serie. Algunos cálculos hablan de que mató entre 80 y 200 muchachitos, la mayoría varones.

“Empecé matando gente porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desarrollar mis energías”

Gilles de Rais
Gilles de Rais. Fuente: Kronoshistoria.

Condena y ejecución

El tribunal que lo juzgó condenó a Gilles de Rais a ser ahorcado y quemado. Fue ajusticiado en 1440. Tenía 36 años. Él mismo llegó a decir antes de morir:

Todo lo relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que me empuja. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla.

Gilles de Rais

O sea que, según él, torturar, violar y matar niños (no necesariamente en ese orden) es lo que haría cualquiera que pudiera. Él lo hizo durante ocho años de terror.

Decadencia económica, alcohol y nigromantes

Poco a poco, a medida que aumentaban sus asesinatos, se vaciaban sus arcas. Gilles rezaba y, sobre todo bebía. Además, se rodeó de personajes extraños, supuestos brujos, nigromantes, alquímicos y satánicos, que le prometían salvarle de la ruina.

Una de las soluciones fue un ritual satánico que requirió el sacrificio de más niños. Sacrificando sangre inocente conseguiría volver a ser rico, le prometieron. Fue demasiado. Encontraron en uno de sus castillos los cuerpos despedazados de cincuenta adolescentes. Así fue cómo finalmente las autoridades lo apresaron.

Hay quien ve en las acusaciones una estrategia de desprestigio político, como en el caso de su amiga Juana de Arco. Otros nobles, como el duque de Bretaña, quisieron hacerse con sus tierras y lo consiguieron. También sus herederos querían quitárselo de en medio para que no dilapidara del todo su fortuna, dejándoles sin nada para ellos. El propio hermano de Gilles intervino para evitar que el patrimonio familiar siguiera consumiéndose en estas orgías violentas.

La verdad nunca la sabremos, pero su leyenda como auténtico terror de Francia, monstruo malditoasesino en serie de niños por antonomasia durará por los siglos de los siglos.

SOBRE MÍ Me llamo P. A. García y soy escritor. Tengo dos novelas publicadas: Un oficio indiscreto es una novela negra en un mundo de ciencia ficción. Porvenir es una aventura espacial futurista con toques apocalípticos. Puedes leer otros relatos míos, gratis, en la red Boukker. Además, participo en un podcast sobre cine e historia, con mucho humor, llamado La Hoguera de los Necios.